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Carta a Marcos, de Daiki Nishikawa

Encuentro con Marcos

El primer encuentro con Marcos fue en la fiesta de despedida del profesor italiano especialista en Ciencia Espacial en la Universidad de Barcelona. Yo estaba dirigido por Etsuro Sotoo, que es escultor jefe en la Sagrada Familia. He estado en Barcelona investigando sobre la Sagrada Familia como estudiante de Master en el verano de 2014. Hay muchos japoneses que visitan la Sagrada Familia, es uno de los sitios turísticos más famosos. Se dice que es en Japón donde hay más libros sobre Gaudí. Yo soy uno de los que han sido atraídos. Quería conocer a Mr.Sotoo y podría, al fin, reunirme con él tras varios intentos de cita. El Sr. Sotoo me presentó a todos los que estaban en la fiesta de despedida. Todos se me presentaron con gran interés. Marcos no sólo me interesó, sino que también intercambiamos correo electrónico y me dijo de vernos de nuevo.

 

Los recuerdos de Marcos

Marcos me llevó a un almuerzo con un amigo suyo de la universidad, después de la fiesta. Jugamos al fútbol en la calle e hicimos los deberes juntos. Quedé dormido mientras estudiaba y Marcos me hizo una foto y la mostró entre risas a los amigos.

El recuerdo más impresionante para mí es que me llevó a la iglesia de Tibidabo, en coche. Conocía al sacerdote, y el sacerdote nos llevó a un piso superior, donde los turistas no pueden acceder. La vista de toda la ciudad de Barcelona y el Mediterráneo me ensanchó el espíritu. Al mismo tiempo, la vista me hizo caer en la cuenta de que esta ciudad tiene una naturaleza rica, tradición, historia y un gran clima cultural, rodeada de mar y montañas y un cielo azul claro.

Cuando llegamos desde el piso de arriba, la puesta de sol anaranjada nos esperaba. Marcos dijo que Dios nos la había puesto delante. Ese atardecer y la sonrisa de Marcos me siguen apelando ahora.

 

Lo que me enseñó la muerte de Marcos

Me dijo: “Quiero ser sacerdote”. Pienso que sería un gran sacerdote si viviese… Era activo y divertido, muy querido por sus amigos y tenía un corazón comprensivo. No podía creer su muerte inesperada. Demasiado pronto para salir de este mundo. Pero, él vive en mi corazón incluso ahora. Quiero vivir con él en mi próxima vida. Aunque compartí poco tiempo con él, siento un profundo dolor. Esto es todo lo que puedo decir ahora. Cuando vuelva a visitar Barcelona, quiero ver el mundo que Marcos dejó.

Carta a Marcos, de Daiki Nishikawa

Encuentro con Marcos

El primer encuentro con Marcos fue en la fiesta de despedida del profesor italiano especialista en Ciencia Espacial en la Universidad de Barcelona. Yo estaba dirigido por Etsuro Sotoo, que es escultor jefe en la Sagrada Familia. He estado en Barcelona investigando sobre la Sagrada Familia como estudiante de Master en el verano de 2014. Hay muchos japoneses que visitan la Sagrada Familia, es uno de los sitios turísticos más famosos. Se dice que es en Japón donde hay más libros sobre Gaudí. Yo soy uno de los que han sido atraídos. Quería conocer a Mr.Sotoo y podría, al fin, reunirme con él tras varios intentos de cita. El Sr. Sotoo me presentó a todos los que estaban en la fiesta de despedida. Todos se me presentaron con gran interés. Marcos no sólo me interesó, sino que también intercambiamos correo electrónico y me dijo de vernos de nuevo.

 

Los recuerdos de Marcos

Marcos me llevó a un almuerzo con un amigo suyo de la universidad, después de la fiesta. Jugamos al fútbol en la calle e hicimos los deberes juntos. Quedé dormido mientras estudiaba y Marcos me hizo una foto y la mostró entre risas a los amigos.

El recuerdo más impresionante para mí es que me llevó a la iglesia de Tibidabo, en coche. Conocía al sacerdote, y el sacerdote nos llevó a un piso superior, donde los turistas no pueden acceder. La vista de toda la ciudad de Barcelona y el Mediterráneo me ensanchó el espíritu. Al mismo tiempo, la vista me hizo caer en la cuenta de que esta ciudad tiene una naturaleza rica, tradición, historia y un gran clima cultural, rodeada de mar y montañas y un cielo azul claro.

Cuando llegamos desde el piso de arriba, la puesta de sol anaranjada nos esperaba. Marcos dijo que Dios nos la había puesto delante. Ese atardecer y la sonrisa de Marcos me siguen apelando ahora.

 

Lo que me enseñó la muerte de Marcos

Me dijo: “Quiero ser sacerdote”. Pienso que sería un gran sacerdote si viviese… Era activo y divertido, muy querido por sus amigos y tenía un corazón comprensivo. No podía creer su muerte inesperada. Demasiado pronto para salir de este mundo. Pero, él vive en mi corazón incluso ahora. Quiero vivir con él en mi próxima vida. Aunque compartí poco tiempo con él, siento un profundo dolor. Esto es todo lo que puedo decir ahora. Cuando vuelva a visitar Barcelona, quiero ver el mundo que Marcos dejó.

“Un joven enamorado de Jesucristo”, por el P. Carlos Cano

Conocí a Marcos haciendo oración, participando en la Eucaristía y confesándose, unos cinco años antes de ingresar en el seminario y de volar al cielo, después del lamentable accidente que nos le ocultó a los ojos de este mundo pero que le ha hecho más presente, vivo y activo, si cabe, que hasta ese momento. En el Santuario de Santa Gema se ven, con mucha frecuencia, jóvenes universitarios que vienen a orar, confesar y participar en la Eucaristía; es muy reconfortante constatar que hay jóvenes amigos de Dios que le buscan y “quedan” con El para contarle sus cosas, escucharle y compartir experiencias. Resulta alentador observar cómo oran, cómo luchan, cómo creen y cómo crecen.
Uno de esos jóvenes que me llamó la atención fue Marcos. Casi a diario, en general por la mañana, acudía y se quedaba, ayudado por un libro o simplemente concentrado ante el Sagrario, siempre con su mochila llena de apuntes de la universidad. Era perseverante, y su compostura era típica de un hombre que lleva cosas importantes por dentro. Provocaba paz y, en mi caso, un gozo grande, edificante, que me llevaba a la acción de gracias.
Un día le conocí más personalmente cuando le oí en confesión. Me confirmé en mi impresión y vi en él un alma exquisita, un corazón sincero, una mirada limpia, un buscador empedernido. En todas las ocasiones que le escuché en confesión siempre constaté un amor apasionado a Jesús. Cuando vino de Tierra Santa y me contó su viaje, sólo habló de Jesús, de su Palabra, de su Presencia, de su encuentro personal con Jesús. Cuando regresó de su viaje a México, estaba desbordante de alegría por haber dado testimonio de Jesús y sentirse instrumento de la Gracia.
La última vez que le ví fue una semana antes de ingresar en el seminario. Recuerdo verle entrar en el confesionario y cuando le vi la cara intuí que algo muy importante me quería desvelar. Y así fue. “He terminado la carrera y me voy al Seminario”. No pude menos que levantarme y darle un abrazo, sin palabras y los ojos llorosos, de inmensa alegría. Le ví un hombre feliz, convencido, decidido a darle la vida a Quien tanto le amaba, Jesús. Esos son momentos sacerdotales únicos que llenan de esperanza y suavizan otros momentos de tristeza y desencanto.
Marcos estaba hecho para ser sacerdote, para ser puente hacia Dios, para anunciar a Jesús, para consolar, para servir, para darse. Lloré de alegría. En estos años en que tuve el privilegio de conocerle y tratarle le vi crecer en el amor a Cristo de forma perseverante, firme, madura; su madurez espiritual era impropia o mejor inusual para su edad. Lo que me cautivó de su personalidad era su amor apasionado a Jesucristo. Le buscó, le encontró, le siguió, se enamoró, le entregó la vida y se fue con EL.
Cuando el domingo después de celebrar la Eucaristía me dieron la noticia de su muerte, me paralicé. Pero enseguida entendí unas cuantas cosas. La muerte de Marcos me ha hecho mucho bien y, por tanto, me produjo mucho dolor. “Mis planes no son vuestros planes”. Considero que su muerte ha sido como su “primera misa”; tan enamorado estaba de Jesús que no pudo resistir ni esperar a su ordenación sacerdotal para celebrarla. Se unió a Cristo, vivió con El, murió con El y con El resucitará.
La vida de Marcos tiene un sello inconfundible: ser un joven cristiano “modelo” para la juventud. Confío que un día pueda ser propuesto por la Iglesia a los jóvenes, como ejemplo a seguir.
Carlos Cano c.p.
Santiago de Chile, Abril 2016

Un hombre de Dios

Ha muerto un hombre de Dios, por Jaume Vives

 

Conocí a Marcos Pou hace pocos meses. Fue en un pueblo de Cataluña -La Gleva- cuando fui a dar una charla sobre mi experiencia en el Líbano con familias cristianas de Irak y Siria refugiadas allí. Había un grupo de jóvenes de Comunión y Liberación, un movimiento de la Iglesia Católica, haciendo unas convivencias de estudio. Marcos era el responsable de los jóvenes.

La primera vez que hablé con él y le oí hablar fue mientras cenábamos. Tardé poco en ver que era un hombre de Dios. Cómo miraba, cómo hablaba, cómo escuchaba, cómo preguntaba. Su mirada tranquila y serena entraba dentro de tu corazón. Su sonrisa era auténtica.

Hablaba claro, sin miedo, se hacía entender. Hablaba con amor. Decía lo que pensaba y se notaba que había pensado mucho lo que decía. Un hombre de fe y razón. Quizás por eso tantos jóvenes le tenían por consejero.

Al terminar la charla se me acercó y me preguntó preocupado qué es lo que nosotros podíamos hacer por esos cristianos que a pocas horas de avión de donde estamos nosotros mueren por su fe. Su preocupación era sincera y la respuesta la encontramos juntos, rezar y vivir la fe coherentemente en el lugar en que Dios nos ha puesto. La misma respuesta que meses después me daría el arzobispo de Mosul (Irak), Emil Nona.

Cada vez que me encontraba a Marcos me alegraba, sin conocerlo demasiado sabía que era noble y alguien en quien poder confiar.

Recuerdo perfectamente cómo volví de la charla en la que conocí a Marcos y a todos los jóvenes que estaban allí haciendo unas convivencias de estudio. Entusiasmado. Hasta ese momento solo había oído hablar de Comunión y Liberación en la universidad pero el día en que lo conocí de la mano de Marcos mi visión cambió por completo, poco tenía que ver con lo que me habían dicho o yo pensaba. Y volví particularmente entusiasmado con Marcos, no fueron pocas las personas a las que les transmití lo muy gratamente que me había sorprendido ese joven que se encargaba de manejar el cotarro. Tenía un carisma especial.

Una de las últimas veces que vi a Marcos fue en la Estación de Sants. Coincidió que él iba a Pamplona y yo a Bilbao. Salíamos a la misma hora y en el mismo tren. Quedamos a las 9 en la cafetería. Me dijeron que los trenes, a pesar de ir juntos, quizás no estaban interconectados.

Al final resultó que los trenes iban unidos pero no se podía pasar de un vagón a otro, los dos lo intentamos pero no lo conseguimos. Volvimos a nuestros respectivos vagones y por la noche –después de pedirle mi correo a una amiga común- Marcos me escribió un mail diciéndome que mis sospechas eran ciertas, los trenes estaban unidos pero no interconectados. Me dijo que iba a rezar mucho por mí los días que estuviera en Pamplona de retiro. Era un chico atento incluso con quienes tenía menos relación.

Marcos ha muerto la noche de un 21 de febrero de 2015 poco después de dar su sí a Dios. Acababa de entrar en el Seminario de Barcelona después de terminar la carrera. Quería que su vida fuera del Señor. Los caminos del Señor son inescrutables y Marcos ha dejado esta vida terrena y perecedera. Su vida seguramente ya es del Señor aunque de una forma diferente a la que él pensaba. Que Dios le tenga en su gloria y dé consuelo a su familia.

Marcos Pou era un hombre de Dios y ya en vida, un ejemplo para muchos.

Ya solo queda rezar por su alma y pedir que su forma de vivir y entender la vida, su mirada y su sonrisa, su atención y sus detalles, se nos pegue a nosotros.

Hasta pronto Marcos, si Dios quiere

 

Marcos, un año después

El 22 de febrero hizo un año. Aquel día de 2015 Marcos nos dejaba, para irse para siempre al Cielo con Cristo, con quien él soñaba estar en cada momento. Después de un año no cesa el dolor y crece el añoro a su persona. Le imaginamos a veces con su sonrisa, apasionado, le echamos de menos. Pero un año después lo que tenemos es un torrente de testimonios no solo desde Barcelona, sino de muchos rincones del mundo, que nos hablan de que Marcos sigue; sigue viviendo para siempre y actúa cerca de los que se le acercaban. Incluso de ya algunos que no le conocieron directamente, pero a quienes les ha llegado su “Mi Historia”, el relato de la relación con Cristo su vida, publicado en internet y editado también como pequeño libro repartido por amigos suyos y su familia. Como él escribía, su vida se convirtió en una aventura por su seguimiento a Cristo.

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El sábado 20 de febrero la iglesia de la parroquia de La Paz de Barcelona se llenó de amigos, compañeros y familia de Marcos en una misa de aniversario concelebrada por sacerdotes amigos,  del Seminario de Barcelona y presidida por José Miguel García. El coro acababa con “Signora del cime”, una canción de canto alpino, que cantaba Marcos y que nos hacía sentirle tan cerca, junto al Señor, congregados en la Eucaristía.

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Por la web que recoge fotografías, documentos y testimonios de Marcos han pasado en un año decenas de miles de visitas. Muchos han dejado testimonios, recuerdos, fotografías. Todos hablan de corazones removidos tras su fallecimiento: atraídos a Cristo, reforzados en su vocación, la que fuera. Los que le conocieron hablan de la nostalgia de su presencia aquí, pero también de la cercanía y los signos claros de su acción desde el Cielo.

Van llegando iniciativas que irán apareciendo en esta web: el diario de Marcos (su día a día en su relación con sus amigos y su apasionamiento por Cristo), traducciones a varios idiomas que se están preparando de “Mi Historia”, su testimonio ofrecido en forma de encuentro-exposición en algún evento en preparación.
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El Padre Carlos, Pasionista hoy en Chile,  que conoció a Marcos cuando antes de ir a la universidad aparecía por su parroquia para rezar o para confesarse con él, nos envía un testimonio. “Considero, escribe,  que su muerte ha sido como su “primera misa”; tan enamorado estaba de Jesús que no pudo resistir ni esperar a su ordenación sacerdotal para celebrarla. Se unió a Cristo, vivió con El, murió con El y con El resucitará.
La vida de Marcos tiene un sello inconfundible: ser un joven cristiano “modelo” para la juventud. Confío  que un día pueda ser propuesto por la Iglesia a los jóvenes, como ejemplo a seguir.

 

 

 

De Mauro Lepori, Abad General de los Cistercienses

Marcos era presente agli Esercizi, l’unico non sacerdote, e mi aveva molto colpito la sua passione attenta e fervente per Gesù Cristo, la bellezza del suo “sì” alla vocazione che iniziava a seguire, dopo la laurea in Fisica. Irradiava una predilezione del Signore, come Giovanni, il “discepolo che Gesù amava”, e trasmetteva questo senso di predilezione a tutti. Tutte le testimonianze su di lui che risuonano in questi giorni confermano il sentimento che avevo durante gli Esercizi. La sera stessa del giorno in cui avevamo finito gli Esercizi, memoria della Madonna di Lourdes, Marcos entrava nel seminario di Barcellona. Il giorno dopo mi ha scritto un messaggio e-mail, per ringraziarmi, per invitarmi a non mai andare in Catalogna senza incontrarci, per promettermi la sua preghiera per il mio ministero. Ma soprattutto, in questo messaggio mi comunicava una piccola esperienza che aveva vissuto la mattina e che lui presentava come esempio di trasposizione nella sua vita quotidiana di un punto su cui avevo insistito durante gli Esercizi: «Le sue lezioni mi stanno già accompagnando nelle prime fatiche in seminario. Di colpo le affronto con una prospettiva più positiva; bisogna pregare che continui così. Come uscendo dalla doccia questa mattina, ci sono solo 2 minuti di acqua calda, e la mia camera è il polo nord. Così sono uscito dalla doccia alle 6:45 del mattino con una prima reazione di rabbia, ma in quel momento mi sono ricordato delle “pazienze” e mi è venuta alla mente questa parola, come se Cristo stesso me la dicesse: “Ma non desideravi darmi la vita? E questo non fa parte della forma che ti è data per darmela?”, e l’ho vissuto con gusto.» (12.02.2015)

«”Ma non desideravi darmi la vita? E questo non fa parte della forma che ti è data per darmela?”, e ho vissuto con gusto.»
Questa frase di Marcos, ora che solo dopo nove giorni che l’aveva scritta Gesù ha accolto misteriosamente e totalmente il dono della sua vita a cui già consentiva nella banalità quasi ridicola delle circostanze quotidiane, come una doccia fredda, questa frase ora mi accompagna continuamente e mi aiuta ad avere con

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le circostanze un rapporto che ne trasforma il senso, e che mi converte, almeno come contrizione del cuore per tante, infinite circostanze, tanti incontri, in cui mi dimentico di vedere e vivere un’occasione per dare la vita a Cristo, per amare Cristo, per lasciare che Cristo prenda la mia vita, non in sogno, ma appunto nella realtà carnale della vita. Questa frase svela, appunto come diceva Marcos, il segreto di una vita piena di gusto, non perché la circostanza sia diversa da quello che è, non perché l’acqua della doccia diventa calda miracolosamente, ma perché ogni banale circostanza può diventare occasione di compimento della vita nel dono al Signore. Il pensiero di Marcos mi si impone un po’ come una “chiave di trasposizione” della vita del santo nella nostra vita. L’eredità del santo che può diventare maggior pienezza di vita per noi è la testimonianza e il metodo della sua offerta. Non siamo chiamati a imitare tutto quello che un santo ha fatto e vissuto. Ma dobbiamo discernere al cuore di tutto quello che un santo ha fatto e vissuto il cuore palpitante della sua offerta al Signore, questo piccolo o grande sì a Gesù che in ogni circostanza, banale o tragica, ti chiede a bruciapelo: “Ma non desideravi darmi la vita? E questo non fa parte della forma che ti è data per darmela?”. È questo scatto della libertà in amore a Cristo dentro la circostanza presente l’eredità viva e vivificante dei santi che ognuno di noi riceve. È l’eredità di Cristo morto e risorto che ognuno di noi riceve, e che ogni membro di Cristo continua a trasmettere.

 

Testimonio de Rafa Pou

Unas pobres, torpes, limitadísimas palabras sobre mi primo Marcos.

“Sí, Rafa, si lo bueno del Señor es que hasta de la mierda saca petróleo…” – me dijo Marcos alegremente, con esa mezcla de misticismo y de realismo “tierra-tierra”, de humor y de profundidad, de cariño, que lo hacían tan humano.
Era el año 2009 o 2010, y estábamos los primos mayores reunidos en un bar de Major de Sarrià. Una “pouada”, aprovechando una visita mía a Barcelona. Y les estaba contando de ciertos hechos y situaciones muy dolorosas de las que, sin embargo, Dios estaba sacando mucho bien. Fue entonces cuando él se salió con esa respuesta jocosa, que nos dio mucho que reír y que pensar.

Me acordaba de ésta y de otras anécdotas durante las eternas horas de viaje que separaban Roma de Barcelona el fin de semana pasado. Cuando te llega una noticia como la del domingo, todos los tópicos son insuficientes, y sólo te queda levantar los ojos al cielo. Claro que se podría acudir a aquello de los clásicos de que “muore giovane chi è caro agli dei”, o a lo que decía Séneca de que “cuanto más ha brillado el fuego, más pronto se extingue (…) así sucede con las almas, que cuanto más brillantes son, simplemente por eso duran menos”. Y sería verdad. Porque, efectivamente, un gran fuego le consumía, un fuego que se manifestaba en sus conversaciones y en sus mensajes. Llevo muchos años fuera de casa, y en los últimos tiempos no he tenido tantas ocasiones de hablar con Marcos. Durante mis años en Salamanca, sin embargo, nos escribíamos con cierta frecuencia, alguna vez hablábamos por teléfono, y no dejábamos de quedar a tomar algo cuando pasaba yo por Barcelona, solos o con otros de mis primos. Fue sobre todo en esos años cuando pude asomarme un poquito a ese fuego llevaba por dentro y que le estaba transformando, cuando le escuchaba hablar con ese ardor de su encuentro con Cristo, de la experiencia de su amistad y de su amor, de ese deseo que iba naciendo en él de corresponderle y de entregarse al Señor. Pero todo esto no basta para comprender.

También sería verdad decir que se quedará siempre en nuestra memoria, pero sería poco, muy poco, demasiado poco. Y repugnantemente fácil sería salirse con aquello de que “había cumplido su misión”. Pero no…¡nada de eso! Un tío genial, rebosante de vida, con toda una vida por delante, recién entregada al Señor en su entrada al seminario de Barcelona…¿y se acabó? No. Yo creo no. Yo creo que su misión acababa de empezar. Es más, acaba de empezar. Me he acordado mucho de Santa Teresita de Lisieux, patrona de las misiones, que murió con 24 años, sólo uno más que Marcos. Esta doctora de la Iglesia decía que pasaría su Cielo haciendo el bien en la Tierra, que ahora, con la muerte, es cuando su misión comenzaba de verdad. Entonces es cuando podría cumplir su deseo de ser misionera hasta la consumación de los siglos, llevando a las almas a Dios. Y así, estoy seguro que Marcos va estar más activo que nunca a partir de ahora. Tocando desde Dios nuestras conciencias, alcanzándonos gracias y despertando nuestros corazones con el ejemplo de su vida entregada. Nuestras vidas no pueden seguir igual.

Y es que demasiado a menudo pensamos en la misión de los sacerdotes y personas entregadas a Dios…en clave de lo que hacen o dicen. Y no es que esté mal. Pero no basta. Olvidamos que mucho más importante, es su vocación de ser signos. De ser un dedo señalando hacia el Cielo. De ser, aun con sus límites y defectos, un fuego en el que se refleje un poco de la luz de Cristo Resucitado, un destello suyo que nos recuerde que está ahí, que Dios nos ama, que sólo en Cristo encontraremos la felicidad infinita a la que aspira nuestro corazón, que vale la pena darlo todo por Él. La vida y la muerte de Marcos han sido un mensaje de Dios a Barcelona, un mensaje de Dios para mí y para ti, escrito en negrilla, mayúscula y con doble subrayado. Y si Dios ha querido permitir que la semilla de su vida caiga y muera para dar fruto, que su sangre sea semilla de nuevos cristianos…la peor traición que le podríamos hacer es no acoger ese mensaje en nuestro corazón, no dejar que fructifique, no acoger la vida que nos quiere comunicar. De eso creo que nos habla la liturgia de Cuaresma cuando repite aquello de “si escucháis hoy la voz de Dios, no endurezcáis vuestro corazón”. La vida de Marcos es un testimonio y un desafío, una luz, una llamada y un reto. Es un guante arrojado en nuestra puerta. Con un regalo como Marcos no hay que hablar de “comprender”. Hay que acogerlo. Y hacerlo vida.

Testimonio de Nico Pou Gallo

TAM PATER NEMOS (Nadie hubo ni puede haber tan Buen Padre)

Queridos amigos, familiares y conocidos;

Entre las 23.30 del sábado 21 de febrero de 2015 y las 00.00 del día siguiente, domingo 22, mi hermano Marcos falleció en un accidente de moto, a la edad de 23 años, una semana y media después de entrar en el seminario.

No está siendo, como es lógico, nada fácil. Es mi hermano, con quien he crecido desde que nací, con quien he descubierto desde pequeño la vida, con su bien y su mal, su sufrimiento y su consolación, su belleza y su fealdad, lo divertido y lo aburrido, lo grande y lo pequeño. Con quien me he peleado, reído hasta llorar, con quien he llorado, y con quien he descubierto lo más grande que se pueda descubrir nunca ante los ojos de un pobre hombre como él y como yo.

Estos tres días están siendo los más duros de mi vida. Constante es el recuerdo de Marcos, de todo lo que hemos vivido juntos, lo bueno y lo no tan bueno. Es duro estar en casa porque es difícil caer en la cuenta de que ya no va a entrar por la puerta gritando ‘¡Minions!’ (Refiriéndose a Juan y Mateo, mis hermanos pequeños), o en mi habitación, donde él dormía. Es duro vivir, es doloroso. Lo más duro es despertarse por la mañana, porque es como si te dieran la noticia de nuevo. Es dolorosa esta nueva vida sin Marcos en la forma que ha estado siempre, tal y como la conocíamos. Lo sabéis bien aquellos que le conocisteis, aunque fuera por poco tiempo, aunque sólo cruzarais un par de frases con él. A muchos os habrán hablado de él. Y para otros quizá era ‘hermano de’, o ‘hijo de Itziar y Paco’.

A todos vosotros os quiero contar lo que he visto estos dos días. Antes de la misa del domingo por mi hermano, tuvimos la oportunidad de besar por última vez a mi hermano. Estaba precioso, en un ataúd sencillo, como el de Juan Pablo II. Vestido de blanco, puro. Mi familia y yo pudimos estar rezando junto a él. Pidiendo por su intercesión por nosotros, para que comprendamos y nos fiemos del Señor. La misa fue el primer regalo de todos. Fue un verdadero espectáculo. La Iglesia estaba llena, hasta los topes, los dos días. Por delante de mí pasaban todos los rostros que el Señor acarició a través de Marcos. Todo lo que Dios ha generado a través de él, de toda su persona. Estaban las monjas del comedor social donde ayudaba (caritativa) desde hacía 3 años, sus compañeros y los míos del primer colegio en el que estuvimos, profesores de ese colegio, un gran número de profesores del Abat Oliba, alumnos de allí, los amigos con los que jugó al fútbol en La Salle cuando era pequeño, con los que jugó no hace tanto y con los que jugaba este año, incontables amigos suyos y míos de Madrid, matrimonios de allí que le conocieron y vinieron a acompañarnos y a despedirse, toda la comunidad de CL de Barcelona, toda mi familia… Me dejo a mucha gente, perdonadme. Celebraron misa por él en Siberia, Nueva York, Milán, Roma, Madrid, Las Azores, Méjico, Santander… y muchos sitios más donde rezaron por él. A todos gracias por vuestras oraciones y vuestra compañía. Son un verdadero testimonio de todo lo que genera el Padre a través de la débil carne de mi hermano.

Amigos míos y de Marcos. Dios y mi hermano me regalan a cada segundo el amor que os tiene desde el cielo, y que siempre os ha tenido. Tengo la certeza, nítida, que Marcos siempre ha tenido. Tengo esa paz, esos ojos conquistados por el Señor, que Marcos tiene. Me da la sensación de que los abrazos que os doy, los besos y las caricias, son de parte de Marcos. Me sorprendo amándoos un pequeño porcentaje de cómo él os quería, y eso es enorme. Lloro y sufro, le echo de menos, me gustaría abrazarle una última vez. Pero está conmigo. La relación con Marcos es única. Continuamente le oigo decirme que me fíe. Le veo sonreír, le veo feliz, donde toda su vida ansiaba estar. Marcos nos ha hecho el mejor regalo que nadie puede hacer. Nos ha puesto ante la vida, y ante Cristo. Siempre ha sido esa su intención, presentarnos a Cristo, mirad: ‘He visto el mismísimo rostro de Cristo, la ternura con la que Dios ama, he visto cómo me quiere y me da vértigo. ¿¡Por qué tanto!? Dios me prefiere, y en las palabras de Giussani, me prefiere “porque soy nada, porque soy como esa chica de Nazaret de 15 años, nada. O como su marido, un hombre lleno de dudas, confundido, humilde, carpintero, nada”’. Y estos días lo hace de una forma radical y espectacular, con la misa, el funeral y lo que vendrá. Nos presenta el infinito. Cada canto, cada lectura y cada salmo, cada abrazo que me habéis dado, cada rostro que he besado, son signo del Dios bueno que habita en Marcos. Es una sobreabundancia que jamás había experimentado, ni podía imaginar. Sufro con gran dolor, pero soy profundamente feliz. Porque ¿quién soy yo para recibir semejante regalo del cielo, como es la certeza de Marcos? ¿Quién soy yo para ser llamado a una relación con el Misterio como la que él tenía? La Misericordia que Dios tiene conmigo dándome esto se sale de toda medida. Nos da este regalo: ahora sólo lo infinito nos bastará. Ahora solo Dios bastará a nuestros desgarrados corazones de hombres.

La política, la economía, lo que estudiamos o donde trabajamos, lo que vivimos ahora, las relaciones con nuestros seres queridos y amigos, todo vuelve a ser verdadero. Porque todo está revestido de esta espera y esta pregunta: ¿Hay algo que sea para siempre? Si. Existe. Porque lo hemos visto y lo vemos. Siempre quiso presentar a Dios al mundo. Y estos días lo hace de una forma radical. O todo o nada, como ha sido él. Y Cristo está. Amigos, no es incompatible el sufrimiento de perder una ‘forma’ de relación, con la paz y la seguridad de que Dios está. No es incompatible el desgarro con la alegría que Dios presente nos da. Todo lo que nuestros corazones desean, y hoy más que nunca, existe. Lo vimos en Marcos y lo vemos entre nosotros hoy. Lo vemos en la unidad de un pueblo donde el Señor quiso crear a Marcos. Lo tenía todo pensado. Para llevarse a Marcos tenía que estar seguro de que él daba su ‘sí’ libremente y feliz. Y os lo demuestro: Marcos escribía el 11 de febrero esto. ‘ENTRADA EN EL SEMINARIO: Vértigo y confianza plena, soy Tuyo Cristo. Que este sea un camino de santidad. ¡Feliz de darte la vida! Domina más esto que lo que no apetece, da pereza o parece ser una futura fatiga. A ti me encomiendo María. Virgen de Lourdes, ¡hazme fiel! ¡Hazme santo!’

¿Lo veis? Marcos se fue plenamente feliz, como nunca lo había sido. Y nos quiere regalar esta paz. Dejad que entre en vuestros corazones el dolor, bucead en el sufrimiento para descubrir el deseo de infinito que a Marcos caracterizaba. Pero sumergíos también en la vida. Estad atentos a lo que Dios nos regala, estad atentos a la realidad que fascinaba a Marcos. Porque es allí donde encontraremos la paz que Dios nos da. No tapéis vuestro dolor, vuestras preguntas, vuestro sufrimiento, el echar de menos, o las ganas de estar con él. Vividlas hasta que esas preguntas os definan. De lo contrario, despreciaremos el regalo que Marcos nos hace. Contaos lo que os fascinaba de Marcos, recordad lo que os decía, contaos y recordad a Cristo, que se hacía más carne a través de mi hermano. Que el sí que él dio sea también nuestro sí a vivir este sufrimiento y esta gracia. Pidamos su cercanía con el Señor, su relación privilegiada con el Padre y celebremos que él es ahora feliz para siempre. Descansad en esta certeza, en la imagen de su sonrisa desde el cielo.
Mi relación con Marcos es mejor ahora que nunca. Ahora que no puedo tocarlo ni abrazarlo, es más mío, está más en mí, que nunca. Marcos hoy se me regala más que hace tres días. Lo mejor de Marcos, Cristo, está infinitamente más presente hoy que nunca. Es más nuestro amigo hoy que nunca. Me llegan ya las cosas que están sucediendo. Me envían muchas personas los testimonios de lo que Dios y Marcos hacen desde el cielo. A Dios tengo que agradecer ser testigo de semejante espectáculo. No dejéis de contármelo, por favor. Ya está sucediendo.

Os pido que os acompañéis entre vosotros, que os recordéis esto. Os pido que no cerréis vuestro corazón, que lo abráis al dolor y al presente. También pedid por mi familia: Francisco, Itziar, Natalia, Juan, Mateo y yo. Acompañadnos y dejaros acompañar por nosotros. Pedid por mis tíos y mis primos, a quien agradezco tan especial cuidado por nosotros.
Abrazo especialmente a Rocío, Javi, la familia Andreo. Alfon, Rafa, Leo, Igna, Jordi, Suca, Talía, Virginia, Peter, Alex, Ferrán, Silvia… Me dejo a mil personas. Y lo siento por no hacer especial mención, pero duraría este texto unas mil páginas. Lupita, un enorme abrazo desde Barcelona. Nos acordamos mucho de ti. A toda la comunidad de Comunión y Liberación, gracias por vuestras oraciones y vuestra compañía. A Francisco Javier González Candela un abrazo gigantesco. A Miquel Carreras y su familia, que no me dejo de acordar de vosotros, como también de Ángel Vázquez. Ahora, con Rocío y los más cercanos a Marcos, entramos en vuestro club de privilegiados. A mi tío Yago, por su testimonio y compañía infinita. Miguel Ramón y José Fernando, gracias por cuidarnos.

No lograré jamás expresar con palabras el agradecimiento a José Miguel García, por la compañía que ha hecho a Marcos, y que hoy nos hace a nosotros. No existen palabras que puedan expresarlo.
En la última conversación que tuvimos, Marcos me decía esto, ante su traslado al seminario de Barcelona: ‘Los caminos nos separan, y eso desgarra. Pero en el gran camino vamos juntos’. Es así.

Pido por vosotros, para que esta herida sea fértil para cada uno de nosotros. Pido para que esta espera y certeza que se me dan ahora, no hagan más que crecer, como en Marcos era. Prietas las filas, amigos míos. La aventura de esta nueva vida ha empezado. Me siento indigno de tal grandeza. Tengo ganas de abrazaros.

Nico Pou Gallo
p.d. Os pido que este milagro que con pobres palabras consigo explicar, llegue a todos vosotros sin excepción.

VENI SANCTE SPIRITUS, VENI PER MARIAM